¿Por qué Rusia invadió Ucrania?

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abril 9, 2022

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El estamento dirigente ruso ha justificado su guerra contra Ucrania con diversas consideraciones, desde amenazas a la seguridad nacional y la prevención de un posible ataque contra territorios rusos hasta la «desnazificación» de Ucrania. Sin embargo, los horrores de la guerra que Rusia libra contra su vecino brindan la oportunidad de analizar y reevaluar la interpretación de la política rusa que ha desarrollado y aplicado persistentemente durante las dos últimas décadas. Una comprensión profunda de los motivos subyacentes de esta posición de los dirigentes rusos es crucial a la hora de diseñar una estrategia futura hacia Rusia.

  • La búsqueda de estatus

En el orden mundial establecido a principios de la década de 1990, la Federación de Rusia no era la superpotencia que había sido su predecesora, la URSS. Con la independencia de muchas antiguas repúblicas soviéticas, Rusia perdió territorios, así como influencia económica y política. La búsqueda de una nueva razón de ser combinada con el recuerdo, arraigado en la mente de la población rusa, de la influencia y el poder recientes de su Estado dio lugar a ideas revisionistas sobre la configuración actual del sistema de relaciones internacionales. 

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Era evidente que Estados Unidos no percibía a Rusia como un adversario igual y no había demasiados ámbitos en los que esta pudiera contrarrestarlo. Uno de ellos era la seguridad y la estabilidad estratégica, que se convirtió en uno de los temas transversales de las relaciones ruso-estadounidenses. Al advertir que los temas relacionados con la seguridad eran fructíferos para acercarse al estatus de potencia mundial y al no poder lograr resultados considerables en otros campos, Rusia comenzó a securitizar su política exterior o, en otras palabras, a considerar como asuntos de seguridad la mayoría de las cuestiones que surgían a su alrededor, incluso si no lo eran. Este paradigma ha sido evidente en la retórica de los funcionarios rusos sobre temas como la energía, la economía y la política. 

Por tanto, desde esta perspectiva, la reciente política rusa hacia Ucrania y las potencias occidentales (es decir, la construcción del gasoducto Nord Stream-2 para manipular a los Estados europeos; la concentración de tropas en la frontera ucraniana y su uso como factor de presión; el envío de ultimátums a las potencias occidentales sobre la reestructuración del sistema de seguridad europeo; y la invasión de Ucrania tras fracasar las negociaciones) tenía como objetivo alcanzar el estatus de actor global en la toma de decisiones, que habla de igual a igual con las grandes potencias.

  • Proteger la esfera de influencia

Como continuación de las consideraciones anteriores, los rusos creen que su Estado tiene una esfera de influencia que otros actores deben respetar. Naturalmente, esta «zona de interés exclusivo» abarca a las antiguas repúblicas soviéticas y a los miembros del bloque socialista. Esto explica por qué Putin calificó el colapso de la Unión Soviética como la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX, pues abrió el camino para que los antiguos aliados de Rusia se alejaran de ella y algunos de ellos se unieran a la OTAN y a la Unión Europea.

Con esto en mente, cualquier señal de una política prooccidental que implique la pérdida de influencia política rusa se percibe como una amenaza para los intereses nacionales y el Kremlin la recibe de manera especialmente dolorosa. Esto quedó patente durante los levantamientos públicos en Bielorrusia y Kazajistán, donde Rusia apoyó activamente a los gobiernos prorrusos; en 2008, cuando invadió Georgia después de que esta expresara su intención de unirse a la OTAN; y en 2014 en Ucrania, cuando la Revolución de la Dignidad derrocó al presidente prorruso Yanukóvich y Rusia ocupó Crimea e instigó la guerra en la región ucraniana del Donbás. Las renovadas hostilidades en curso son una continuación natural de esta línea de la política rusa, orientada a vulnerar los derechos humanos y limitar la soberanía de Estados independientes que considera dentro de su esfera de influencia.

  • La búsqueda de un enemigo externo para ocultar problemas internos

A pesar de que Rusia es el país más grande del mundo y rico en recursos naturales, la mayor parte de su población vive bastante mal. Como al Kremlin le preocupa mucho mantenerse en el poder, debe crear una apariencia de procesos democráticos en el Estado y asegurar el apoyo público. Para desviar la atención de los problemas que los rusos comunes afrontan en su vida cotidiana, se crea y difunde mediante la maquinaria propagandística una amplia gama de mitos que presentan a enemigos extranjeros haciendo todo lo posible por arruinar el Estado. Naturalmente, esas narrativas se centran sobre todo en las potencias occidentales y la OTAN, consideradas actores hostiles culpables de todas las desgracias rusas. 

Incluso pese a la absoluta falta de fundamento de tales acusaciones contra Occidente y a las numerosas violaciones de los derechos humanos y de las leyes nacionales cometidas por Putin y todo el estamento dirigente ruso, estos son vistos como mesías y salvadores de la nación. De ahí el creciente apoyo público al presidente ruso tras la ocupación de Crimea en 2014 y el inicio de la guerra no provocada a gran escala contra Ucrania hace un mes y medio.

  • El odio ruso hacia Ucrania

A la luz de los puntos anteriores, el valor geopolítico, económico y simbólico de Ucrania revestía una importancia particular para las élites rusas. Por ello, el Kremlin hizo todo lo posible por impedir que los ucranianos se distanciaran de Rusia. Sin embargo, la mayoría de los esfuerzos rusos por crear una imagen positiva de su país entre la población ucraniana —incluida, entre otras medidas, la generosa financiación de candidatos presidenciales, partidos políticos y canales de televisión prorrusos— produjeron el efecto contrario. 

La oposición del pueblo ucraniano a los numerosos intentos de opresión y su voluntad de seguir el camino hacia Occidente, la democracia y la libertad fomentaron un tipo específico de desprecio hacia los ucranianos entre el estamento dirigente ruso, ampliamente asumido y respaldado por la población; cada paso de Ucrania hacia el éxito se percibe como hostil a Rusia. La invasión a gran escala ha sido otra oportunidad para que los rusos demuestren que no se detendrán hasta que el Estado ucraniano independiente deje de existir. 

Teniendo en cuenta lo anterior, la política exterior agresiva de Rusia, que ha llevado a la práctica durante los últimos años, ha sido ampliamente malinterpretada y subestimada. Sin embargo, la agresión abierta contra un Estado democrático casi en el centro de Europa ayuda al mundo civilizado a comprender la verdadera esencia de la política rusa y a entender que disuadir o apaciguar a un agresor de tal magnitud no es una alternativa a detenerlo mediante una respuesta unida y contundente.