Rusia como caldo de cultivo del neonazismo

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abril 19, 2022

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La «desnazificación» de Ucrania es uno de los objetivos clave y una de las principales justificaciones de la invasión rusa. Estos días, los medios del Kremlin tildan de «neonazis» a todos quienes se oponen a la agresión rusa.

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Cabe señalar que, al inicio de la invasión, la propaganda rusa separaba claramente al «pueblo hermano» ucraniano del «régimen criminal» de Kyiv. En su discurso de las primeras horas del 24 de febrero, Putin dijo, dirigiéndose a las Fuerzas Armadas de Ucrania: «Tomen el poder en sus propias manos. Parece que nos será más fácil llegar a un acuerdo con ustedes que con esta banda de drogadictos y neonazis que se instaló en Kyiv y tomó como rehén a todo el pueblo ucraniano».

Más tarde, el Kremlin y los medios progubernamentales comenzaron a sustituir ciertos conceptos: «nacionalistas» y «neonazis» pasaron a ser sinónimos del Ejército ucraniano, los batallones de voluntarios y las fuerzas de defensa territorial, que sin duda opusieron una resistencia masiva a las tropas rusas. Los titulares y la retórica de los informativos de los medios pro-Kremlin están llenos de frases sobre «horas bajo fuego selectivo de los nacionalistas» o unidades rusas y sus aliados «que lograron expulsar a los nacionalistas de la mayor parte de las zonas residenciales de la ciudad». Además, tras un mes de guerra, los propagandistas del Kremlin se refieren como «nazis» a casi todos los ucranianos que se atreven a oponerse a la ocupación rusa. Por ejemplo, para Margarita Simonián, directora de RT, uno de los principales portavoces del Kremlin, fue una desagradable sorpresa que «una parte importante de Ucrania estuviera sumida en la locura del nazismo». En uno de los programas de debate dijo: «Antes yo también pensaba que eran unos pocos, ¡pero desde luego no podía imaginar que fueran tantos!».

¿Por qué la propaganda rusa tilda de nazis masiva e indiscriminadamente a todos los ucranianos? Ante todo, se trata de deshumanizar a la nación ante los ojos de los rusos. El Kremlin necesita darles algo que haga que los rusos odien a los ucranianos y justifique ante sus ojos las atrocidades cometidas contra ellos por los militares rusos, la destrucción de ciudades ucranianas. ¿Cómo lograrlo? Resultó ser así de sencillo: para un ruso medio, sometido durante años a la dura influencia de la maquinaria propagandística del Kremlin, basta decirle: «¿Saben qué? Allí todos son nazis, no deberíamos compadecernos de ellos, ¡está bien matarlos a todos!». Y eso es lo que hacen las fuerzas rusas.

Mientras tanto, en Rusia se detiene y procesa a personas por frases como «No al fascismo» y «el fascismo no pasará»; tales consignas se equiparan ahora a «desacreditar» a las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia.

Las afirmaciones de Putin de que el poder en Ucrania está controlado por neonazis no son más que una pérfida insinuación. Como cualquier otro país, Ucrania tiene algunos problemas con los movimientos de extrema derecha. En la propia Rusia no hay menos grupos y organizaciones de ultraderecha, neonazis y nacionalistas, marcadamente xenófobos y afines en espíritu. Además, hoy hay personas en los círculos de poder rusos que en su día defendieron abiertamente posturas extremadamente nacionalistas y participaron en las tristemente célebres «Marchas Rusas». Tradicionalmente, las fuerzas del orden rusas intentan encontrar una «huella ucraniana» en prácticamente cualquier cosa, presentando a los grupos de ultraderecha como «ramas de movimientos radicales ucranianos».

La ultraderecha rusa ocupa con bastante frecuencia la atención de las noticias; aún abundan las bandas de skinheads que salen a aterrorizar y asesinar a representantes de diversos grupos étnicos de Asia Central, mientras nacionalistas cavernícolas siguen coreando su canción favorita: «Moscú es para los moscovitas».

Todo el mundo sabe que Rusia lleva mucho tiempo acusando regularmente a las antiguas repúblicas soviéticas que han hecho de la integración con el mundo civilizado y Europa su prioridad de «rehabilitar el nazismo y apoyar el neonazismo», siendo ella misma su principal caldo de cultivo.