Una carta abierta a los medios de comunicación de todo el mundo de Olena Zelenska

Recientemente, un número abrumador de medios de comunicación de todo el mundo se ha puesto en contacto conmigo para solicitar entrevistas. Esta carta es mi respuesta a esas solicitudes y mi testimonio desde Ucrania.

Lo que ocurrió hace poco más de una semana era imposible de creer. Nuestro país era pacífico; nuestras ciudades, pueblos y aldeas estaban llenos de vida.

El 24 de febrero todos despertamos con el anuncio de una invasión rusa. Los tanques cruzaron la frontera ucraniana, los aviones entraron en nuestro espacio aéreo y los lanzamisiles rodearon nuestras ciudades.

A pesar de las garantías de los medios de propaganda respaldados por el Kremlin, que llaman a esto una «operación especial», se trata, en realidad, del asesinato masivo de civiles ucranianos.

Quizá lo más aterrador y devastador de esta invasión sean las víctimas infantiles. Alice, de ocho años, que murió en las calles de Ojtyrka mientras su abuelo intentaba protegerla. O Polina, de Kyiv, que murió en el bombardeo junto con sus padres. Arseniy, de 14 años, fue alcanzado en la cabeza por escombros y no pudo ser salvado porque una ambulancia no logró llegar a él a tiempo debido a los intensos incendios.

Cuando Rusia dice que «no está librando una guerra contra los civiles», menciono primero los nombres de estos niños asesinados.

Nuestras mujeres y niños viven ahora en refugios antiaéreos y sótanos. Probablemente todos hayan visto estas imágenes de las estaciones de metro de Kyiv y Járkiv, donde la gente yace en el suelo con sus hijos y mascotas, atrapada debajo. Para algunos son solo consecuencias de la guerra; para los ucranianos es ahora una realidad aterradora. En algunas ciudades las familias no pueden salir de los refugios durante varios días seguidos debido al bombardeo y cañoneo indiscriminado y deliberado de infraestructura civil.

El primer recién nacido de la guerra vio el techo de hormigón del sótano; su primer aliento fue el aire acre del subsuelo y fue recibido por una comunidad atrapada y aterrorizada. A estas alturas, hay varias decenas de niños que nunca han conocido la paz en sus vidas.

Esta guerra se libra contra la población civil, y no solo mediante bombardeos.

Algunas personas requieren cuidados intensivos y tratamiento continuo, que ahora no pueden recibir. ¿Qué tan fácil es inyectarse insulina en el sótano? ¿O conseguir medicación para el asma bajo un intenso fuego? Por no hablar de los miles de pacientes con cáncer cuyo acceso esencial a quimioterapia y radioterapia se ha retrasado ahora indefinidamente.

Las comunidades locales en las redes sociales están llenas de desesperación. Muchas personas, entre ellas ancianos, personas gravemente enfermas y personas con discapacidad, han quedado aisladas de manera devastadora, lejos de sus familias y sin ningún apoyo. La guerra contra estas personas inocentes es un doble crimen.

Nuestras carreteras están inundadas de refugiados. Miren a los ojos de estas mujeres y niños cansados, que llevan consigo el dolor y la angustia de dejar atrás a sus seres queridos y la vida tal como la conocían. Los hombres que los llevan a las fronteras derraman lágrimas al separar a sus familias, pero regresan valientemente para luchar por nuestra libertad. Después de todo, pese a todo este horror, los ucranianos no se rinden.

El agresor, Putin, pensó que desencadenaría una guerra relámpago contra Ucrania. Pero subestimó a nuestro país, a nuestro pueblo y su patriotismo. Los ucranianos, sin importar sus opiniones políticas, lengua materna, creencias y nacionalidades, permanecen unidos de una manera sin parangón.

Mientras los propagandistas del Kremlin se jactaban de que los ucranianos los recibirían con flores como salvadores, han sido rechazados con cócteles Molotov.

Agradezco a los ciudadanos de las ciudades atacadas, que se han coordinado para ayudar a quienes lo necesitan. A quienes siguen trabajando —en farmacias, tiendas, transporte público y servicios sociales— y demuestran que en Ucrania la vida vence.

Reconozco a quienes han proporcionado ayuda humanitaria a nuestros ciudadanos y les agradezco su continuo apoyo. Y a nuestros vecinos que han abierto generosamente sus fronteras para dar refugio a nuestras mujeres y niños, gracias por mantenerlos a salvo cuando el agresor nos ha dejado incapaces de hacerlo.

A todas las personas del mundo que se movilizan para apoyar a Ucrania: ¡las vemos! Estamos aquí, observando y agradecemos su apoyo.

Ucrania quiere la paz. Pero Ucrania defenderá sus fronteras. Defenderá su identidad. Jamás cederá en ello.

En las ciudades donde persisten los bombardeos, donde la gente se encuentra bajo los escombros y no puede salir de los sótanos durante días, necesitamos corredores seguros para la ayuda humanitaria y la evacuación de civiles a un lugar seguro. ¡Necesitamos que quienes tienen poder cierren nuestro cielo!

Cierren el cielo y nosotros mismos nos ocuparemos de la guerra sobre el terreno.

Les hago un llamamiento, queridos medios de comunicación: sigan mostrando lo que ocurre aquí y sigan mostrando la verdad. En la guerra informativa librada por la Federación de Rusia, cada prueba es crucial.

Y con esta carta, doy testimonio y digo al mundo: la guerra en Ucrania no es una guerra «en algún lugar lejano». Esta es una guerra en Europa, cerca de las fronteras de la UE. Ucrania está deteniendo a la fuerza que mañana puede entrar agresivamente en sus ciudades con el pretexto de salvar civiles.

La semana pasada, a mí y a mi pueblo esto nos habría parecido una exageración, pero es la realidad que vivimos hoy. Y no sabemos cuánto durará. Si no detenemos a Putin, que amenaza con iniciar una guerra nuclear, no habrá lugar seguro en el mundo para ninguno de nosotros.

Ganaremos. Por nuestra unidad. Unidad nacida del amor por Ucrania. ¡Gloria a Ucrania!