


Cuando Rusia invadió Ucrania a finales de febrero, las previsiones más extendidas de los medios y expertos occidentales sostenían que Kyiv resistiría hasta que el ejército ruso la tomara en 96 horas. Sin embargo, Kyiv no cayó en manos de los ocupantes, ni tampoco la mayoría de las demás grandes ciudades ucranianas. Al igual que el pueblo ucraniano, las potencias occidentales se unieron ante una amenaza que muchos no podían imaginar que ocurriera en el siglo 21.º. Varios paquetes de sanciones contra el agresor, junto con ayuda militar y financiera para Ucrania, facilitaron que esta defendiera sus territorios. Sin embargo, han pasado más de cuarenta días de hostilidades y ahora está bastante claro que la guerra no terminará en un futuro próximo. El apoyo proporcionado a Ucrania, por valioso que sea, no ha resultado suficiente para inclinar la balanza en el campo de batalla ni para influir en el estamento ruso e inducirlo a transigir. El mundo civilizado debe comprender que alcanzar la paz lo antes posible es de suma importancia.
A principios de esta semana, después de que el ejército ruso se retirara de los territorios cercanos a Kyiv, el mundo entero quedó horrorizado por las imágenes de las atrocidades cometidas por los soldados rusos en la ciudad de Bucha. Si la guerra continúa, es probable que estos incidentes aterradores también ocurran en otras regiones de Ucrania.
La infraestructura ucraniana ha sufrido daños enormes durante la guerra, y algunas ciudades han quedado completamente devastadas por los misiles, bombas y artillería de cohetes rusos. Los gastos necesarios para la reconstrucción tras toda esta destrucción aumentan cada día que continúan las hostilidades.
Las Fuerzas Armadas de Ucrania han demostrado que son capaces de emplear eficazmente las armas y el equipo proporcionados por los Estados occidentales contra las fuerzas rusas, superiores en número. Cuanto mejor equipado esté el ejército ucraniano, más cerca estará Ucrania de poner fin a la guerra. Dilatar las adquisiciones no les permite acumular una cantidad suficiente y reduce su eficacia.
Las potencias occidentales casi han agotado el conjunto de medidas que podían adoptar sin efectos significativos sobre su propio bienestar. Sin embargo, cuanto más dure la guerra, más tiempo tendrá Rusia para adaptarse a las nuevas condiciones en las que vive y menos efecto tendrán esas medidas, lo que aumentará el coste para Occidente. Para marcar la diferencia, las sanciones deben ser lo bastante sustanciales como para tener consecuencias inmediatas tanto para la sociedad rusa como para el estamento dirigente.
El apoyo a los ucranianos expresado por la opinión pública abrió muchas oportunidades para los gobiernos occidentales, que podían obtener importantes beneficios de reputación al prestar ayuda a Ucrania. Desviar el foco de la atención pública, algo inevitable cuando un tema domina el espacio informativo durante tanto tiempo, en un contexto de asuntos urgentes sin resolver, frustrará esos esfuerzos.
Por tanto, Occidente debe propiciar la pronta resolución de la guerra reforzando su apoyo a Ucrania principalmente mediante: