


Los fracasos tácticos de Rusia en Ucrania, que echaron por tierra por completo el plan original de invasión y ocupación, obligaron al ejército ruso a cambiar su enfoque: los esfuerzos principales se dirigen ahora a la toma de territorios del sur y este de Ucrania, que Rusia hipotéticamente podría unir más adelante con la «RPD/RPL» e intentar presentar como una victoria para «salvar las apariencias». El Kremlin también ha abandonado operaciones ofensivas significativas para intentar asegurar una línea de defensa y pasar a una guerra prolongada de trincheras.
Los evidentes fracasos de Rusia en el frente son una conmoción para todo el mundo, así como para Putin. La comunidad internacional ha comprendido que el notorio poder del ejército ruso, deliberadamente exagerado, es puro mito. Esto significa que Rusia ya no goza del estatus de superpotencia militar a la que no se puede atacar con armas convencionales. A su vez, el Kremlin debe buscar formas de justificar sus movimientos ante los rusos, que ya empiezan a sospechar que «no todo va según el plan».
La propaganda rusa ha cambiado radicalmente sus narrativas: si en vísperas de la invasión se alimentaba a la audiencia rusa con la idea de una derrota inminente e inevitable de Ucrania, ahora, ante los evidentes fracasos del ejército ruso, se ha difundido la tesis de que «Rusia está en guerra con la segunda potencia militar de Europa». Ahora se produce un nuevo desplazamiento del énfasis ruso: se replica la tesis de que no se trata en absoluto de una guerra con Ucrania, sino con todo el «mal mundial», al que Rusia debe resistir desinteresadamente por el bien. Esta es una manifestación extrema de narrativas propagandísticas dirigidas al público interno y una indicación directa de que el Kremlin ha optado por continuar la guerra a cualquier precio.
Incluso ante fracasos en el frente impensables para la imagen reciente de Rusia, el Kremlin no aceptará una tregua ni un compromiso porque equivaldría a una derrota. Pero Rusia tampoco puede continuar la guerra en su forma actual por su inutilidad y por la inaceptabilidad de las pérdidas militares. Por tanto, la estrategia militar rusa se inclinará aún más hacia la necesidad de un enfrentamiento directo con Europa. La audiencia rusa ya está siendo preparada para ello mediante una amplia gama de herramientas propagandísticas. Además, entre los planes de Rusia figura una movilización encubierta, que se llevará a cabo en todo el país. Esta es una prueba directa de que el Kremlin planea atacar Europa, con los Estados bálticos o Polonia como objetivo.
El ataque a Europa irá acompañado de una avalancha de mentiras e insinuaciones en los medios, bajo el pretexto de la proclamada «protección de Rusia y los rusos». Putin puede justificar cualquier agresión con mentiras impensables y dobles raseros, un rasgo clásico de la escuela de propaganda soviética. Estados Unidos y Europa ya son presentados como el «mal» universal, una fuente de amenaza directa. El Kremlin presentará cualquier exhortación de Occidente, así como los llamamientos a la paz, como una nueva confirmación de malicia. Le seguirá un ataque híbrido o militar a gran escala contra las naciones más vulnerables. Europa verá la guerra más sangrienta en su territorio desde 1945.
Putin aún no puede creer en su derrota táctica, por lo que elabora planes para una nueva confrontación. Dado su carácter y su visión del mundo, formados en la época soviética, considerará a Occidente como el principal culpable de las complejas pérdidas que Rusia sufrió en el primer mes de la guerra, incluido un número de muertes sin precedentes en el frente. Ucrania se considera solo un objetivo intermedio en el camino hacia la restauración de la «grandeza» del Imperio ruso del siglo XXI, y Occidente, como el principal enemigo y adversario estratégico en el campo de batalla, que ayuda a Ucrania a matar soldados rusos. El dictador del Kremlin cree que una Rusia relativamente poco poblada, con capacidad limitada para reclutar hombres aptos para el combate, se ve obligada a enfrentarse sola al mundo entero, que ha tomado las armas contra Rusia. Esta es una situación muy peligrosa que se está desarrollando en este momento, pues Europa se enfrenta a una amenaza militar real. En este sentido, Ucrania, al precio de la vida de sus ciudadanos, protege a todo el mundo civilizado de la agresión rusa.
Occidente se enfrenta a una elección: dar pasos eficaces hacia Ucrania y entregarle las armas necesarias, o ver mañana cómo la guerra llega a sus hogares, a las calles pacíficas y civilizadas de Berlín y París. Si Putin llega a capturar Ucrania a costa de enormes pérdidas, añadirá el material del ejército ucraniano a las fuerzas rusas y avanzará hacia los países europeos más cercanos, que resultarán absolutamente indefensos.
Aún existe la oportunidad de evitar esta catástrofe y ayudar a Ucrania con armas mientras haya tiempo. Si Estados Unidos proporcionara a Ucrania al menos una cuarta parte de las armas que finalmente dejó en Afganistán en 2021, la victoria de Ucrania estaría mucho más cerca y Occidente podría sentirse seguro y confiado en su futuro.