
El 17 de junio de 2026, Karina Zinyak, pasante del Programa de Cooperación para España y Latinoamérica, coescribió un artículo con Politicly, un medio digital argentino especializado en ciencia política y Relaciones Internacionales, sobre el verdadero origen de la revolución de los drones en Ucrania. Zinyak y los coautores de Politicly explicaron los orígenes del uso de drones y cómo este no comenzó con la invasión a gran escala de febrero de 2022. Sus raíces se remontan a 2014, cuando soldados ucranianos y organizaciones de la sociedad civil empezaron a comprar de forma independiente drones comerciales chinos para vigilar posiciones enemigas y cartografiar campos minados en el este del país. Aquella temprana adaptación descentralizada sentó las bases culturales y organizativas sin las cuales la guerra de drones a escala industrial que se observa hoy no habría sido posible.
Se centraron en explicar algo que a menudo se pasa por alto: una parte significativa de la producción de drones de Ucrania no surgió de contratos estatales ni de la ayuda militar occidental, sino de la sociedad civil. Las organizaciones de voluntarios, financiadas casi exclusivamente mediante donaciones de civiles, y los soldados que trabajaban desde sus propios talleres desempeñaron un papel fundamental. En particular, destacaron a los gamers como un recurso estratégico: los jóvenes con experiencia en videojuegos suelen aprender a pilotar drones más rápido que otros perfiles. La conciencia espacial, la coordinación mano-ojo y la capacidad de mantener la concentración, desarrolladas en entornos digitales, se trasladan directamente al combate con drones.
Además, en 2024, Ucrania formalizó lo que había surgido orgánicamente desde abajo: las Fuerzas de Sistemas No Tripulados, la primera rama militar del mundo dedicada exclusivamente a operaciones con drones. El caso ilustra una dinámica que los Estados altamente centralizados difícilmente pueden replicar. Rusia creó su fuerza equivalente en 2025, pero mientras que la institucionalización de Ucrania fue impulsada por la sociedad civil, Rusia tomó la decisión a través del aparato estatal de manera altamente jerárquica y centralizada.
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