

La postura de China sobre la guerra de Rusia contra Ucrania ha sido clara desde hace tiempo. Se ha reflejado en las declaraciones oficiales chinas desde finales de febrero. Su posición consiste en una neutralidad pragmática con una agenda antiestadounidense.
En resumen, China apoyará, aunque de forma velada, todo lo que vaya contra las políticas de Estados Unidos. Desde fuera, puede parecer que China y Rusia son aliados dispuestos a avanzar hombro con hombro, pero la guerra en Ucrania y el aislamiento occidental de Rusia ofrecen a China enormes oportunidades: influencia económica y financiera sobre Rusia y un posible fortalecimiento de la influencia de Pekín sobre Moscú.
Los chinos no necesitan una Rusia poderosa que esté ganando la guerra. Lo que realmente necesitan es un socio menor obediente al que se pueda cargar con parte de los esfuerzos que China emprende en solitario en su propio frente antioccidental.

A finales de la semana pasada, se vio a seis aviones de carga Y-20 de la Fuerza Aérea China sobrevolando territorio serbio y, más tarde, estacionados en el Aeropuerto Nikola Tesla de Belgrado. Aunque el Ministerio de Defensa de Serbia no respondió a las consultas de los medios sobre ninguna entrega, algunos expertos creen que hay motivos suficientes para hablar de un acuerdo secreto firmado entre las partes. Entretanto, es ampliamente sabido que Serbia es aliada de Rusia desde hace mucho tiempo.

Más tarde se supo que Pekín entregó secretamente a Belgrado sus sistemas de misiles antiaéreos HQ-22 de alta gama. Además, aeronaves chinas cruzaron el espacio aéreo de al menos dos aliados de la OTAN —Turquía y Bulgaria—, en lo que se considera una demostración de la creciente influencia mundial de China.

En el contexto del fracaso de la llamada «operación especial» de Rusia en Ucrania, Pekín, a petición de Moscú, está armando a Belgrado para escalar el conflicto en otras regiones, debilitar a Europa y reducir al mínimo la ayuda militar a Ucrania. Es posible que, al armar a Serbia, Rusia y China empujen a la nación balcánica a una nueva guerra, principalmente contra su antigua provincia de Kosovo, que declaró su independencia en 2008.
Para evitar una división en Occidente, la OTAN y la UE deberían ampliar sus suministros de armas a Kyiv y vigilar a los países que hasta ahora han evitado imponer sanciones a Rusia y se han negado a prestar ayuda a Ucrania, el país que hoy es un bastión de la seguridad europea.
Pekín prefiere jugar su partida en la sombra; por tanto, tan pronto como se reprima la agresión rusa en Ucrania, China dejará de lado durante un tiempo sus planes de redistribución de la influencia mundial.