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Francia, uno de los pilares fundamentales de la autonomía estratégica europea y del apoyo a Ucrania en tiempos de guerra, entra en un periodo de incertidumbre política. A medida que se acercan las elecciones presidenciales de 2027, sigue sin estar claro si París mantendrá su actual orientación en política exterior o avanzará hacia una nueva concepción del papel de Francia en Europa y en el mundo. Con Emmanuel Macron a punto de abandonar el Elíseo y las fuerzas liberales tradicionales perdiendo terreno frente tanto a Rassemblement National (RN)como al izquierdista Nouveau Front Populaire, la política exterior francesa podría verse pronto determinada por actores ajenos al establishment gobernante tradicional.
Este artículo se centra en Jordan Bardella, líder de RN y una de las figuras más influyentes de la política francesa contemporánea. En otro tiempo considerado principalmente un instrumento útil dentro de la estrategia más amplia de Marine Le Pen, Bardella ya no es simplemente un candidato del voto de protesta ni un protegido leal. Al redefinir la imagen pública del partido tras décadas de predominio de la familia Le Pen, ha contribuido a transformar a RN de una fuerza marginada en un partido que se prepara para llegar al poder. Las encuestas recientes ponen de relieve este cambio: según un sondeo de Ifop, Bardella podría obtener alrededor del 37 % de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2027, superando tanto a sus rivales de extrema izquierda como a los centristas y situándose por encima de la propia Marine Le Pen.
Comprender el reajuste de la política exterior de Bardella resulta, por tanto, esencial para evaluar el futuro papel de Francia en la seguridad europea y las relaciones de Ucrania con París.
La importancia política de Jordan Bardella radica menos en su originalidad ideológica que en la forma en que presenta y empaqueta políticamente sus ideas. Nacido en los suburbios de París e incorporado al Frente Nacional, posteriormente rebautizado como Rassemblement National, a los 16 años, Bardella ascendió rápidamente en la jerarquía del partido. A principios de sus veinte años, ya se había convertido en una de las figuras jóvenes más visibles de RN y era ampliamente percibido como un protegido disciplinado de Marine Le Pen.
Su orientación política inicial reflejaba la visión tradicional de RN. Fue un crítico declarado de las políticas de integración europea del presidente Emmanuel Macron, que debían ser sustituidas por el euroescepticismo, el antiglobalismo, unas políticas estrictas contra la inmigración y una desconfianza histórica hacia el atlantismo. Sus primeros posicionamientos en materia de política exterior también reflejaban las simpatías históricas del partido hacia Rusia. Bardella recurrió a una retórica sarcástica para defender los índices de aprobación interna de Vladímir Putin y, en 2019, organizó una conferencia en Roma para movimientos juveniles de extrema derecha europeos, en la que estuvieron presentes representantes vinculados a Rusia Unida y a otros círculos de la derecha rusa. Sin embargo, a diferencia de algunas figuras veteranas de RN, Bardella ha evitado generalmente que sus vínculos personales con Rusia definan su perfil político, aunque su formación política tuvo lugar dentro de un partido cuya trayectoria estuvo durante mucho tiempo marcada por redes próximas a Moscú.

Un punto de inflexión llegó en 2019, cuando Marine Le Pen designó a Bardella para encabezar la lista de RN en las elecciones al Parlamento Europeo. El partido quedó en primer lugar en Francia, convirtiendo a Bardella, con 23 años, en uno de los eurodiputados más jóvenes y otorgándole una visibilidad nacional. Su trayectoria en Bruselas fue criticada por absentismo (sus adversarios políticos, entre ellos la eurodiputada de izquierdas Manon Aubry, llegaron a calificarlo célebremente de “eurodiputado fantasma” debido a sus escasas apariciones en las sesiones parlamentarias), sin embargo, el mandato cumplió su principal objetivo político: Bardella se convirtió en el rostro joven, disciplinado y cercano a los medios de comunicación de un partido que buscaba dejar atrás su antigua reputación.
Durante la pandemia de COVID-19, Bardella aprovechó tácticamente el descontento de la población. Mantuvo una estricta disciplina partidista y criticó duramente las medidas adoptadas por el Gobierno. Se opuso firmemente a los confinamientos obligatorios y a la vacunación obligatoria, al considerar que vulneraban las libertades civiles, y sostuvo que el rechazo de la vacuna rusa respondía a una animadversión geopolítica más que a una evaluación científica. En conjunto, el liderazgo de Bardella durante la exitosa campaña de RN para las elecciones al Parlamento Europeo de 2019 y su oposición pública a las políticas del Gobierno frente a la COVID-19 fueron los dos principales catalizadores de su ascenso desde una figura reconocida dentro del partido hasta convertirse en uno de los políticos nacionales más destacados de Francia.
Desde entonces, Bardella ha construido su atractivo político en torno a una imagen pública cuidada y accesible. Su presencia en las redes sociales, especialmente entre los votantes jóvenes, y la cuidadosa gestión de su imagen pública le han permitido presentar a RN como un partido más joven, profesional y respetable. Los medios franceses en ocasiones lo han descrito como «Ken de la política franseca», una etiqueta que refleja tanto su atractivo visual como las críticas según las cuales su imagen política suele parecer más pulida que el contenido de sus ideas. Mientras que algunos políticos necesitan cientos de páginas para exponer sus convicciones, Bardella se limita a seguir las tendencias generales de la política francesa y presenta exactamente aquello que su público quiere oír de él.
Esta ambigüedad es fundamental para entender su función política. Bardella rara vez ha formulado una doctrina de política exterior independiente de las necesidades estratégicas más amplias de RN. Su fortaleza no reside en generar nuevas ideas, sino en adaptar el mensaje del partido al momento político. En este sentido, no es una figura revolucionaria dentro de RN. Es el representante más eficaz de su siguiente etapa: hacer que una antigua marca de extrema derecha parezca electoralmente viable sin revisar por completo su núcleo nacionalista.
Para comprender la importancia del ascenso de Bardella, es necesario conocer el legado que heredó. Rassemblement National tiene sus orígenes en el Frente Nacional, fundado en 1972 por Jean-Marie Le Pen. Durante décadas, el partido permaneció en los márgenes de la política francesa debido a su nacionalismo, su agenda contraria a la inmigración y las reiteradas controversias en torno a su fundador. Un avance decisivo se produjo en 2002, cuando Jean-Marie Le Pen llegó inesperadamente a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, demostrando que la extrema derecha ya no podía ser considerada políticamente irrelevante.
Posteriormente, Marine Le Pen puso en marcha una estrategia de desdemonización, concebida para hacer que el partido resultara aceptable para un electorado más amplio. Esta estrategia incluyó la expulsión de su padre del partido, el cambio de nombre de la formación, la moderación de su discurso y el abandono gradual de algunas de sus propuestas más radicales. Sin embargo, incluso bajo el liderazgo de Marine Le Pen, RN mantuvo una fuerte reputación de euroescepticismo, oposición al atlantismo y proximidad a Rusia. A lo largo de la década de 2010, el partido criticó a la OTAN, se opuso a una mayor integración europea y cultivó vínculos políticos y financieros con Moscú, entre ellos un préstamo de 9 millones de euros concedido en 2014 por un banco vinculado a Moscú.
La invasión a gran escala de Rusia contra Ucrania hizo que este legado adquiriera un coste político considerable. Lo que en otro momento había resultado aceptable para una parte del electorado francés, en un contexto de euroescepticismo y relativa simpatía hacia Rusia, se convirtió en un lastre después de 2022. La mayoría de los ciudadanos franceses condenó la invasión rusa, mientras que el apoyo a Ucrania pasó a formar parte del consenso político dominante. Por tanto, Bardella asumió el liderazgo de RN en un momento en que el partido debía distanciarse de su antigua imagen favorable a Rusia sin alejar a su electorado tradicional.
Su respuesta ha sido evolutiva, no revolucionaria. Bajo el liderazgo de Bardella, RN ha ajustado su discurso público sobre Rusia, abandonado la retórica explícita al estilo del Frexit, buscado acercarse a círculos empresariales y de inversores y ampliado su atractivo más allá de las redes tradicionales de la extrema derecha. Sin embargo, esto no debe confundirse con una transformación ideológica completa. RN mantiene una plataforma nacionalista centrada en la soberanía, el control de la inmigración, el proteccionismo y el escepticismo hacia las instituciones supranacionales. Por tanto, el proyecto de Bardella no consiste en reconstruir el partido desde cero, sino en eliminar los elementos que le impiden gobernar.
Esta es la esencia del modelo Bardella: normalización sin una moderación plena.
Ucrania es el ámbito en el que el reajuste de la política exterior de Bardella resulta más relevante para Kyiv. La asociación histórica de RN con Rusia generó un serio problema de credibilidad después de 2022. Bardella tuvo que responder simultáneamente a dos presiones: el giro de la opinión pública francesa hacia el apoyo a Ucrania y la persistente cautela, escepticismo o postura contraria a la intervención de una parte del electorado de RN.
La respuesta de Bardella ha sido adoptar una posición intermedia cuidadosamente construida. Ha condenado la invasión a gran escala de Rusia, reconocido la soberanía de Ucrania y admitido que Rusia constituye una amenaza para la seguridad de Francia y Europa. Sin embargo, también ha establecido límites estrictos a lo que Francia debería hacer por Ucrania. Su posición, por tanto, no es de abierta hostilidad hacia Kyiv, sino de apoyo condicionado y moderado.
Uno de los primeros cambios visibles en el tono público de Bardella se produjo en 2023. Afirmó que los líderes europeos habían sido ingenuos respecto a las ambiciones de Vladímir Putin y sostuvo que «no se puede ser patriota europeo y permanecer indiferente ante la violación de la soberanía de un Estado europeo». También señaló que la guerra no podía terminar sin la retirada de las fuerzas rusas y la restauración de la soberanía ucraniana. Estas declaraciones marcaron una clara ruptura con la retórica anterior de RN, que a menudo había presentado a Rusia como un socio natural o, al menos, como un contrapeso frente a la influencia estadounidense y de la UE.

Sin embargo, el apoyo de Bardella estuvo limitado desde el principio. Aunque no rechazó abiertamente la asistencia militar a Ucrania, la planteó principalmente en términos defensivos. Cuando se le preguntó por armas como tanques, aviones o sistemas de misiles de largo alcance, que Ucrania necesitaba para operaciones militares más ambiciosas en el campo de batalla, evitó comprometerse con su suministro. Esta cautela respondía simultáneamente a los tradicionales instintos antiintervencionistas de RN y a las preferencias de su electorado. En aquel momento, una parte significativa de los votantes de RN seguía de cerca la guerra y apoyaba algún nivel de asistencia a Ucrania, pero mantenía una profunda preocupación ante una posible escalada o una implicación directa de Francia.
El ciclo electoral de 2024 acentuó estos límites. De cara tanto a las elecciones al Parlamento Europeo como a las elecciones legislativas francesas, la campaña de RN se mantuvo centrada principalmente en cuestiones internas: inmigración, poder adquisitivo, reforma institucional y críticas al macronismo. El programa del partido dedicaba poco espacio a la seguridad de Ucrania, más allá de referencias generales a la soberanía francesa y a la necesidad de mantener el control nacional sobre la disuasión nuclear. Esta ausencia resulta reveladora: Bardella estaba dispuesto a condenar a Rusia cuando era necesario, pero no buscaba incorporar una política activa hacia Ucrania a la agenda de gobierno de RN.
Al mismo tiempo, la guerra seguía siendo políticamente relevante en Francia, especialmente después de que el presidente Macron planteara la posibilidad de desplegar tropas occidentales en Ucrania. Bardella respondió estableciendo una de sus «líneas rojas» más claras: ningún soldado francés en territorio ucraniano. Argumentó que una implicación militar directa de Francia supondría el riesgo de una escalada con una potencia nuclear y rechazó cualquier escenario en el que Francia se convirtiera en parte directa del conflicto. Si Bardella apoyara la necesidad de utilizar directamente la fuerza militar francesa, solo el 15 % del electorado de RN estaría de acuerdo. De este modo, esta posición le permitió presentarse como un político responsable y defensor de los intereses franceses, evitando al mismo tiempo dar la impresión de simpatizar con Moscú.
Una segunda línea roja se refería a las armas de largo alcance. Bardella se opuso al suministro de misiles de largo alcance a Ucrania o evitó respaldarlo, planteando nuevamente esta cuestión en términos del riesgo de una escalada. Esta es una de las principales limitaciones desde la perspectiva de Kyiv. Para Ucrania, las capacidades de largo alcance son fundamentales para debilitar la logística militar rusa, atacar infraestructuras de ocupación y reducir la capacidad de Rusia para continuar la guerra. Por tanto, la reticencia de Bardella sugiere que, bajo su liderazgo, el apoyo francés podría seguir siendo políticamente visible, pero mantenerse limitado en el plano militar.

Bardella también se ha opuesto a una adhesión acelerada de Ucrania a la Unión Europea. Ha argumentado que acelerar el proceso de adhesión de Ucrania podría implicar más directamente a la UE en la guerra y aumentar las cargas internas de la Unión. Esta posición encaja con la política europea más amplia de RN: el partido ya no hace campaña a favor del Frexit, pero mantiene una postura contraria a la ampliación, a una mayor federalización y a la transferencia de competencias adicionales a las instituciones de la UE. Para Ucrania, esto significa que una Francia liderada por Bardella podría convertirse en un obstáculo importante no solo en materia de política militar, sino también en el proceso de adhesión a la UE.
Su trayectoria institucional en el Parlamento Europeo refuerza esta ambigüedad. Bardella ha apoyado algunas resoluciones relacionadas con Ucrania, pero principalmente aquellas centradas en cuestiones humanitarias o de rendición de cuentas, más que en compromisos militares de carácter estratégico. Entre ellas figuran iniciativas relacionadas con el retorno de los niños ucranianos deportados por Rusia, la protección de las mujeres y los civiles afectados por la guerra y la exigencia de responsabilidades por los ataques rusos contra la población civil ucraniana. Estos votos demuestran que Bardella no se opone a apoyar a Ucrania en principio, especialmente en cuestiones moralmente claras y políticamente poco controvertidas. Sin embargo, también muestran los límites de su apoyo: para RN, la solidaridad humanitaria resulta más fácil de aceptar que una escalada militar estratégica o la ampliación de la UE.
La posición de Bardella no debe interpretarse como una simple continuación de la antigua línea prorrusa de RN. Desde 2022, ha criticado reiteradamente a Rusia, reconocido la amenaza que representa e intentado distanciar al partido de su anterior imagen favorable a Moscú. También se ha desmarcado públicamente de algunos sectores de la vieja guardia de RN, incluso en cuestiones simbólicas como si Vladímir Putin debería ser considerado un interlocutor diplomático aceptable mientras Ucrania libra una guerra contra la invasión rusa. Estos gestos son relevantes porque demuestran que RN, bajo el liderazgo de Bardella, comprende los costes políticos de un posicionamiento abiertamente prorruso.
Pero el cambio tiene límites claros. La política de Bardella hacia Ucrania responde menos a un compromiso estratégico con la victoria ucraniana que a un intento de definir el nivel mínimo de apoyo compatible con la opinión pública francesa y con la estrategia electoral de RN. Puede condenar a Moscú, apoyar la soberanía ucraniana y respaldar iniciativas humanitarias. Sin embargo, mantiene sus reservas respecto de las cuestiones que exigirían asumir un mayor riesgo político: las armas de largo alcance, la disuasión militar directa, una adhesión acelerada a la UE y cualquier planteamiento de la defensa de Ucrania como una obligación estratégica vinculante para Francia. Su posición puede resumirse como apoyo dentro de límites políticamente seguros.
| Asunto | Posición de Bardella | Implicación para Ucrania |
| Invasión de Rusia | La condena y reconoce a Rusia como una amenaza | El RN no puede volver fácilmente a una retórica abiertamente prorrusa |
| Soberanía ucraniana | Apoya retóricamente la integridad territorial | Línea de referencia útil, pero insuficiente para un apoyo estratégico |
| Ayuda militar | Acepta una asistencia limitada o defensiva | Podría ser posible cierta continuidad en el apoyo |
| Armas de largo alcance | Se opone a ellas o evita respaldarlas | Podría limitar las necesidades de Ucrania en el campo de batalla |
| Tropas francesas | Considera la intervención directa como una línea roja. | Sin apetito por la escalada |
| Adhesión a la UE | Se opone a una adhesión acelerada | Posible obstáculo para el camino de Ucrania hacia la UE |
| Historial de voto en el PE | Principalmente resoluciones humanitarias relacionadas con Ucrania | La retórica es más fuerte que el compromiso institucional |
Para Kyiv, el riesgo más realista no es, por lo tanto, que una Francia liderada por Bardella se alinee abruptamente con Rusia. El mayor riesgo es que el apoyo francés se vuelva más limitado, más condicionado y más centrado en ámbitos políticamente seguros. Francia podría seguir apoyando a Ucrania de manera retórica y diplomática, evitando al mismo tiempo las formas de asistencia de mayor calado. En la práctica, esto podría traducirse en un mayor énfasis en la ayuda humanitaria, la protección de civiles, la reconstrucción y la rendición de cuentas por los crímenes rusos, pero en una menor disposición a liderar en materia de armamento avanzado, garantías de seguridad o la integración de Ucrania en la UE.
Esto crea un entorno difícil, pero no imposible, para la diplomacia ucraniana. La sensibilidad de Bardella hacia la opinión pública implica que la posición de Ucrania en Francia dependería no solo de los contactos a nivel de las élites, sino también del debate público francés en un sentido más amplio. Si los votantes franceses asocian a Ucrania principalmente con la escalada, el coste o el cansancio ante la ampliación de la UE, Bardella tendrá pocos incentivos para ir más allá de un apoyo limitado. Si, en cambio, Ucrania es enmarcada como un elemento central para la seguridad europea, la soberanía francesa y la resistencia a la presión imperial rusa, el margen político para la cooperación podría ser más amplio.
Las cuestiones humanitarias podrían ofrecer el punto de entrada más accesible. El retorno de los niños ucranianos deportados, la protección de los civiles, la rendición de cuentas por los crímenes de guerra y el apoyo a la reconstrucción son aspectos difíciles de oponerse de forma abierta para el RN, y pueden enmarcarse en términos de justicia, soberanía y protección de los civiles europeos. Sin embargo, Ucrania debería evitar que la relación quede reducida únicamente a un consenso humanitario. El mensaje de fondo debe seguir siendo que la defensa de Ucrania forma parte de la defensa de Europa, y que limitar la capacidad de Rusia para hacer la guerra no es un favor hacia Kyiv, sino un interés estratégico para Francia.
En este sentido, Bardella representa un reto más complejo que el de la antigua extrema derecha francesa. No se limita a repetir las narrativas de Moscú, pero tampoco ofrece a Ucrania una asociación estratégica fiable. Su postura se entiende mejor como un apoyo controlado: suficiente para evitar el estigma del prorrusismo, pero lo bastante limitado como para seguir siendo aceptable para un electorado nacionalista y contrario a la escalada.
La política europea de Bardella refleja el mismo patrón de adaptación. El RN ya no hace campaña para que Francia abandone la Unión Europea o la eurozona. En su lugar, Bardella promueve una «Europa de las Naciones» más laxa, construida en torno a la soberanía, los vetos nacionales, el control de fronteras y una reducción de las competencias de las instituciones de la UE.
Esto marca un cambio significativo en el método, aunque no necesariamente en la visión del mundo. El antiguo RN presentaba a menudo la integración europea como algo de lo que Francia debía escapar. Bardella la presenta como algo que Francia debe remodelar. Ha rechazado el Frexit y, en cambio, ha argumentado que la UE es «obsoleta» en su forma actual y necesita una nueva arquitectura que devuelva la soberanía nacional sobre la migración, la regulación, la energía y la política económica. También ha reclamado una reducción de la contribución financiera de Francia al presupuesto de la UE y una limitación de la autoridad de la Comisión Europea.
En su discurso de 2024 «Construir la Europa del siglo XXI», Bardella planteó las elecciones europeas como un referéndum sobre el liderazgo de Macron y expuso la visión del RN de una Europa que «protege, produce y respeta la soberanía nacional». Esto incluía controles de inmigración más estrictos, el rechazo del Pacto Europeo de Migración, el proteccionismo económico, la soberanía energética, la prioridad a la energía nuclear francesa, la oposición a una mayor ampliación y la preservación del derecho de veto de Francia.
El eslogan de campaña del RN en 2024 — «Sí a Francia, sí a Europa» — captó este reposicionamiento. El partido ya no busca parecer antieuropeo en el sentido de oponerse a la existencia de Europa. En su lugar, se presenta como el defensor de una Europa distinta: más nacional, más proteccionista, menos federal y más hostil a las restricciones supranacionales.
Para Europa, la estrategia de Bardella es significativa porque ilustra una lección más amplia para la extrema derecha tras el Brexit y la invasión rusa de Ucrania. Abandonar abiertamente la UE se ha vuelto menos atractivo. La estrategia más viable electoralmente consiste en permanecer dentro del marco institucional intentando redirigirlo desde dentro. Bardella no intenta destruir la UE desde fuera. Intenta redefinir qué debería ser la UE desde dentro.

Para Ucrania, esto importa de manera directa. Una Francia guiada por tal visión probablemente sería más escéptica respecto a la ampliación de la UE, más defensora de los vetos nacionales y menos entusiasta a la hora de tratar la adhesión de Ucrania como una prioridad geopolítica. Incluso si Francia se mantuviera dentro del consenso europeo sobre Ucrania, podría convertirse en un actor más cauteloso y obstructivo en la vía de adhesión a la UE.
El enfoque de Bardella hacia Estados Unidos es, de manera similar, reactivo y basado en intereses más que doctrinal. Los programas del RN no contienen una estrategia detallada hacia Washington. En su lugar, el partido recurre a temas familiares como la soberanía francesa, la autonomía estratégica europea y la resistencia a la presión externa.
Bardella acogió inicialmente el regreso de Donald Trump a la presidencia como una elección hecha por el electorado estadounidense y elogió elementos del patriotismo económico de Trump. Sin embargo, también se ha distanciado de un alineamiento automático con Washington. En respuesta a las amenazas arancelarias de Trump, Bardella pidió una respuesta europea firme y argumentó que las relaciones con Estados Unidos deberían guiarse por intereses estratégicos y no por afinidad ideológica. Según se informa, el RN también rechazó el apoyo político explícito de círculos vinculados a Trump, buscando evitar la impresión de injerencia extranjera en la política francesa.
Este distanciamiento se intensificó cuando la asociación con ciertos sectores de la derecha estadounidense se volvió políticamente costosa. Bardella se retiró de un mitin conservador en Washington después de que Steve Bannon hiciera un gesto ampliamente condenado por asemejarse a un saludo nazi. También ha criticado ciertas políticas estadounidenses por considerarlas imperiales o erráticas, especialmente cuando dicha crítica se alineaba con el escepticismo público francés hacia el poder de Estados Unidos.
Al mismo tiempo, Bardella ha suavizado algunos aspectos de la postura tradicional del RN respecto a la OTAN. Ha declarado que el partido no respaldaría una salida del mando integrado de la OTAN mientras continúe la guerra en Ucrania. Esto no convierte al RN en un partido atlantista. Más bien, demuestra una vez más que Bardella está dispuesto a suspender o ajustar posiciones previas del partido cuando resultan estratégicamente inconvenientes.
Por lo tanto, su política hacia Estados Unidos refuerza el patrón más amplio de su política exterior: alineamiento selectivo, fuerte énfasis en la soberanía y una cuidadosa adaptación a la opinión pública nacional. Puede admirar el nacionalismo económico al estilo Trump sin convertirse en un trumpista francés. Puede hablar el lenguaje de la autonomía estratégica sin comprometerse necesariamente con un papel europeo más ambicioso en materia de seguridad en Ucrania.
Para Kyiv, esta ambigüedad importa. La autonomía estratégica bajo Bardella podría significar una mayor capacidad europea para actuar de forma independiente. Pero también podría convertirse en una justificación para una Francia más transaccional, menos dispuesta a asumir riesgos por Ucrania y más centrada en limitar sus compromisos externos.
El ascenso de Bardella no significa que Ucrania deba esperar una Francia abiertamente hostil. Sí significa que Ucrania debería prepararse para un posible liderazgo francés cuyo apoyo sea más condicional, más simbólico y más dependiente de los incentivos políticos internos.
En primer lugar, el discurso ucraniano debería vincular el apoyo a Kyiv con la soberanía francesa y europea. El lenguaje político de Bardella se construye en torno a la soberanía, el interés nacional y la protección frente a la presión externa. Por lo tanto, Ucrania debería evitar enmarcar el apoyo como una exigencia moral o una obligación impuesta por Bruselas. En cambio, debería subrayar que resistir la agresión rusa fortalece la seguridad europea, protege la autonomía estratégica francesa e impide que Moscú remodele el continente por la fuerza.
En segundo lugar, Ucrania debería trabajar con la opinión pública francesa, no solo con las élites políticas. Si la política exterior de Bardella es muy sensible a los incentivos internos, entonces la sostenibilidad a largo plazo del apoyo francés a Ucrania dependerá de si los ciudadanos franceses perciben la seguridad ucraniana como vinculada a la suya propia. La diplomacia pública, el acercamiento cultural, la interlocución con expertos y la comunicación con audiencias conservadoras y de derecha en Francia podrían adquirir una importancia creciente.
En tercer lugar, las cuestiones humanitarias pueden servir como punto de entrada, pero no deberían sustituir la agenda de seguridad. El retorno de los niños ucranianos deportados, la protección de los civiles, la rendición de cuentas por los crímenes de guerra rusos y la reconstrucción son ámbitos en los que Bardella y la RN podrían encontrar más fácil apoyar a Ucrania sin alejar a su electorado. Sin embargo, Kyiv no debería permitir que la cooperación se reduzca únicamente a cuestiones humanitarias. El argumento de fondo debe seguir siendo que la defensa de Ucrania forma parte de la defensa de Europa.
En cuarto lugar, Ucrania debería prepararse para una relación más transaccional. Una Francia liderada por Bardella evaluaría probablemente el apoyo a Kyiv a través del prisma del beneficio político francés, la opinión pública y el interés nacional. Esto no hace imposible la cooperación. Pero exigiría un enmarcamiento más cuidadoso, una mayor atención a los debates internos franceses y un mayor énfasis en por qué ayudar a Ucrania es compatible con el propio discurso de soberanía y autonomía estratégica de la RN.
La conclusión principal de este trabajo es que la política exterior de Bardella debe interpretarse principalmente a través del prisma de la política interna. Sus posturas sobre Ucrania, la Unión Europea, Estados Unidos y la OTAN han evolucionado no por una doctrina geopolítica coherente, sino por su esfuerzo por alinear a la RN con las tendencias predominantes en la opinión pública francesa, preservando al mismo tiempo la identidad nacionalista del partido.
Bardella no es ni un radical prorruso de la vieja escuela ni un socio proucraniano fiable. Bajo su liderazgo, la RN ha adoptado la postura más compatible con Ucrania de su historia: condena la invasión de Rusia, reconoce la soberanía de Ucrania y admite la amenaza rusa. Sin embargo, esta postura sigue siendo limitada y condicional. Bardella se opone a la implicación militar directa francesa, rechaza o evita el apoyo a las armas de largo alcance, se resiste a una adhesión acelerada de Ucrania a la UE, y enmarca la política exterior según las preferencias de su electorado.
Su política europea sigue la misma lógica. Bardella ha abandonado la retórica del Frexit, pero no la visión del mundo soberanista de la RN. Ya no busca salir de la UE, sino remodelarla en una Europa de naciones más laxa. Su enfoque hacia Estados Unidos es igualmente selectivo: puede adoptar el patriotismo económico de Trump mientras se distancia de Washington cuando esto resulta políticamente inconveniente.
Para Ucrania, el riesgo principal no es un giro repentino de Francia hacia Moscú. El riesgo más probable es un estrechamiento del apoyo francés: menos ambición, menos riesgos, líneas rojas más firmes y mayor dependencia de la opinión pública. Al mismo tiempo, la necesidad de Bardella de aparecer responsable, patriota y resistente a la presión rusa crea un espacio limitado para el diálogo.
El reto para Ucrania consiste, por tanto, en prepararse para un entorno político europeo en el que el apoyo a Kyiv pueda depender cada vez más no de un compromiso ideológico estable, sino de cálculos internos cambiantes. En un entorno así, la tarea de Ucrania es hacer que el apoyo a su defensa resulte políticamente útil, estratégicamente lógico y públicamente defendible para líderes cuyos instintos son nacionalistas, cautelosos y guiados por criterios electorales.
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