
Alina Rohach, Gerente de Proyecto del Programa de Cooperación España y Latinoamérica en el Centro de Diálogo Transatlántico, proporcionó un comentario a Infobae (un medio de noticias líder en América Latina) sobre cómo los ataques de Rusia a la infraestructura energética de Ucrania están remodelando la vida civil en Kyiv durante condiciones invernales extremas.
Rohach enfatizó que el efecto central no es solo el daño material, sino la psicología de la incertidumbre: cuando las personas no pueden predecir si habrá luz, calor o agua, el sentido de control sobre la vida diaria se derrumba. En sus palabras, el tiempo deja de organizarse en “días normales” y se divide en ventanas de “cuando hay electricidad” y “cuando no la hay”.
Hablando desde Kyiv, describió cómo los residentes se ven obligados a reorganizar sus rutinas básicas en torno a los cortes de energía, a veces despertándose a las 3 o 4 de la mañana para ducharse, cargar sus teléfonos y preparar comida antes de volver a dormir antes de ir a trabajar. Rohach también destacó la vulnerabilidad creada por los sistemas centralizados de calefacción y energía: una vez que la red se interrumpe, los apartamentos se enfrían rápidamente, y las temperaturas interiores pueden caer a alrededor de 5°C o menos, convirtiendo los hogares en “congeladores” en cuestión de horas.
Al mismo tiempo, Rohach señaló que la gente encuentra formas de resistir: seguir moviéndose para mantenerse caliente, compartir recursos y mantener pequeñas formas de apoyo comunitario. Sin embargo, advirtió contra la interpretación de la adaptación como normalización: sobrevivir al invierno bajo cero sin electricidad, agua y calefacción estables no es una “nueva normalidad”, sino una prueba de estrés extrema, impuesta deliberadamente, y refuerza la necesidad de asistencia internacional sostenida.
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