Al cumplirse tres años desde la invasión a gran escala de Rusia, la resiliencia de Ucrania ha logrado frenar los avances rusos, pero la guerra ha entrado en una fase prolongada que pone a prueba tanto la resistencia ucraniana como el apoyo de Occidente. En un artículo de opinión para Al Jazeera, Maksym Skrypchenko, Presidente del Centro del Diálogo Transatlántico, destaca los riesgos de presionar a Ucrania para que acepte un acuerdo de paz defectuoso que congele el conflicto en lugar de garantizar una seguridad duradera.
Con una nueva administración estadounidense impulsando un acuerdo de paz rápido, crecen las preocupaciones de que Ucrania pueda ser presionada para aceptar concesiones que no garanticen su seguridad a largo plazo. Las recientes conversaciones entre EE. UU. y Rusia en Arabia Saudita, realizadas sin la participación de Ucrania, refuerzan los temores de un acuerdo que congele el conflicto en lugar de ponerle fin.
Los fracasos de los Acuerdos de Minsk sirven como una advertencia. Aunque fueron diseñados para detener los combates, en la práctica permitieron a Rusia consolidar su control y prepararse para nuevas agresiones. Cualquier acuerdo de paz que ignore las necesidades de seguridad de Ucrania corre el riesgo de repetir ese mismo error.
Las encuestas muestran que, si bien los ucranianos apoyan las negociaciones, la mayoría rechaza cualquier concesión territorial. Cualquier liderazgo que acepte tales condiciones se enfrentaría a una enorme resistencia por parte de la población. Para lograr una paz sostenible, se requiere la continuidad de la ayuda militar de Occidente, lo que permitirá a Ucrania negociar desde una posición de fuerza.
Las afirmaciones de Rusia sobre su resiliencia económica buscan crear la ilusión de que el tiempo juega a su favor. Sin embargo, apaciguar a Moscú solo alentaría futuras agresiones. En su lugar, Ucrania necesita un marco de seguridad sólido—ya sea a través de la OTAN, acuerdos bilaterales o compromisos de defensa liderados por Europa—para garantizar una estabilidad duradera.
Los próximos meses definirán el papel de Occidente en la lucha de Ucrania—no solo para recuperar territorio, sino para asegurar su soberanía de forma definitiva.
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