En su artículo para Warsaw Institute, Daryna Sydorenko, directora de Investigación del TDC, analizó el precedente de la violación de la integridad territorial de Polonia por drones rusos.
Las incursiones de drones en Polonia del 10 de septiembre mostraron cómo Rusia puede imponer costes desproporcionados a la OTAN con sistemas de bajo coste, al tiempo que siembra dudas mediante la desinformación. La respuesta inicial de la alianza demostró solidaridad, pero también puso de manifiesto vacilación y percepciones divergentes de la amenaza, precisamente las debilidades que Moscú busca explotar.
Surgen tres prioridades.
- En primer lugar, los aliados deben ampliar la producción de sistemas asequibles de defensa aérea y antimisiles, incluidos componentes contra drones, e integrar la resiliencia industrial en la estrategia de defensa.
- En segundo lugar, la defensa aérea debe tratarse como un recurso compartido, integrando las innovaciones operativas de Ucrania y garantizando que el acopio nacional no socave el apoyo de la alianza.
- En tercer lugar, las operaciones híbridas y de información deben contrarrestarse de forma proactiva: Moscú seguirá librando campañas narrativas en paralelo a las acciones cinéticas de sondeo. Estas requieren una unidad política sostenida y una disuasión más proactiva como respuesta.
La credibilidad de la disuasión de la OTAN se medirá por si estas lecciones se traducen en cambios institucionales duraderos (industriales, operativos y políticos) que vuelvan inoperantes otros posibles ataques híbridos. Sin esos avances, el próximo ataque de Rusia podría encontrar grietas donde antes la unidad se mantenía firme.
Lea el artículo completo en el Warsaw Intitute.
