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Puntos Сlave
- Groenlandia ha surgido como un escenario clave en la competencia estratégica global, con Estados Unidos, China y la Unión Europea compitiendo por influir sobre los recursos de la isla, su ubicación y su creciente autonomía política.
- La posición de la isla cerca del corredor GIUK y de las rutas transárticas la convierte en un elemento central para la defensa septentrional de la OTAN y la futura logística marítima, mientras que sus reservas de tierras raras son vitales para las cadenas de suministro de energía y tecnología de Occidente.
- Las inversiones anteriores de China en el sector minero de Groenlandia se han visto reducidas debido a preocupaciones ambientales locales y sensibilidades geopolíticas, lo que ha frenado las ambiciones árticas de Pekín.
- Los renovados llamados de Trump para que Estados Unidos asuma el control de Groenlandia han provocado fuertes reacciones por parte de Dinamarca y la Unión Europea, lo que ha dado lugar a nuevas inversiones europeas en defensa ártica.
- La estrategia de política exterior y seguridad de Groenlandia para 2024 afirma su soberanía y condiciona toda participación extranjera al desarrollo sostenible y al control local, lo que complica las maniobras de las potencias externas.
- La isla se encuentra ahora en la intersección de la seguridad de los recursos, la dinámica de las alianzas y los cambios en el poder global, poniendo a prueba la cohesión de la OTAN y la credibilidad de la autonomía estratégica de la UE.

Desde principios del siglo XXI, el Ártico ha resurgido como una región estratégica debido al cambio climático, el aumento de su accesibilidad y la competencia por los recursos. Antes descrito con la frase noruega “Alto Norte, baja tensión,” ahora la región se encuentra en el centro de los cálculos estratégicos globales que involucran a Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea.
El Valor Estratégico de Groenlandia
Groenlandia ha resurgido como un nodo clave en la geopolítica del Ártico debido a la convergencia única de su ubicación estratégica, sus recursos naturales y su creciente capacidad política. A medida que el cambio climático acelera la transformación de la región, la isla está atrayendo un renovado interés por parte de las grandes potencias, especialmente en el contexto de la defensa transatlántica, el comercio global y la transición hacia la energía verde.
Groenlandia ocupa una posición central en el cambiante panorama marítimo del Ártico. Situada cerca del corredor Groenlandia-Islandia-Reino Unido (GIUK), la isla desempeña un papel crucial en la estrategia de defensa septentrional de la OTAN, particularmente en la vigilancia de la actividad de submarinos rusos y en la protección de las líneas de comunicación marítimas del Atlántico. Su proximidad a las futuras rutas transárticas—en particular el Paso del Noroeste y la Ruta Transpolar—refuerza aún más su relevancia estratégica. A medida que el hielo sigue retrocediendo, se espera un aumento del tráfico marítimo a través de estos pasajes, posicionando a Groenlandia como un posible centro para la gobernanza y la logística marítima en el Ártico.

Recursos Naturales y Potencial Económico
La isla alberga importantes reservas de materias primas críticas, incluidos elementos de tierras raras (REEs), uranio y metales estratégicos como el zinc y el níquel. Estos materiales son esenciales para las tecnologías de energía renovable, los vehículos eléctricos y los sistemas de defensa modernos. Según estimaciones citadas en medios suecos, el potencial de recursos subterráneos de Groenlandia podría superar los 2,5 billones de dólares. Sin embargo, el gobierno local ha detenido la emisión de nuevas licencias para la exploración de petróleo y gas desde 2021, debido a preocupaciones medioambientales y a un giro hacia un desarrollo económico sostenible.
Además de los minerales, el valor económico a largo plazo de Groenlandia radica en su papel como fuente estable y democráticamente gobernada de materias primas. A medida que la UE y otros actores occidentales buscan reducir la dependencia de las importaciones procedentes de regímenes autoritarios, la soberanía sobre los recursos de Groenlandia se ha convertido en un punto central de interés estratégico.
Estatus Político y Ampliación de la Autonomía
Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca. Desde la adopción de la Ley de Autogobierno de 2009, ha adquirido autoridad sobre la mayoría de los asuntos internos y tiene el derecho de declarar su independencia. En 2024, Groenlandia publicó su primera Estrategia Nacional de Política Exterior, Defensa y Seguridad, titulada “Groenlandia en el Mundo: Nada Sobre Nosotros Sin Nosotros.” Este documento afirma la aspiración de Nuuk de desempeñar un papel más activo en los asuntos internacionales y reafirma su derecho a definir sus relaciones exteriores de acuerdo con los intereses nacionales.
La expansión gradual de la autonomía de Groenlandia, especialmente en materia de política exterior y de seguridad, ha reforzado su posición no como un territorio pasivo, sino como un actor emergente en la diplomacia ártica. Este cambio ha atraído la atención de las potencias mundiales que buscan asociaciones estratégicas o influencia en la región.
Las ambiciones de China en el Ártico
China ha desarrollado de manera constante una estrategia a largo plazo para aumentar su presencia e influencia en el Ártico, impulsada tanto por intereses económicos como por consideraciones geopolíticas. Aunque no posee reclamaciones territoriales en la región, Pekín ha buscado legitimar su papel mediante la investigación científica, inversiones en infraestructura y el compromiso diplomático, especialmente en Groenlandia e Islandia.

El compromiso de China con el Ártico comenzó en la década de 1980 a través de expediciones científicas y colaboración en investigaciones. En las décadas siguientes, esta entrada suave evolucionó hacia un enfoque más estructurado. En 2018, Pekín publicó su primer libro blanco oficial sobre la política ártica, declarándose un “Estado cercano al Ártico,” un término controvertido no reconocido por el derecho internacional. La estrategia expone la ambición de China de desarrollar una “Ruta de la Seda Polar” como parte de su Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), con el objetivo de asegurar corredores económicos y rutas marítimas (para reducir la dependencia del Estrecho de Malaca y el Canal de Suez) y acceder a los recursos naturales del Ártico.
Intereses Económicos en Groenlandia
China identificó a Groenlandia como un punto estratégico clave en el Ártico debido a su riqueza mineral y creciente autonomía. En un momento dado, la inversión china representaba alrededor del 12 % del PIB de Groenlandia. Empresas respaldadas por el Estado, como Shenghe Resources, adquirieron participaciones en proyectos mineros que contenían tierras raras y uranio. En 2016, una empresa china intentó comprar una base naval abandonada en el sur de Groenlandia, pero las autoridades danesas bloquearon la operación por motivos de seguridad nacional.
Para 2021, Groenlandia había revocado todo acceso restante de China a su sector minero, citando preocupaciones medioambientales y sensibilidades estratégicas. En 2020, de las 39 licencias mineras activas en Groenlandia, ninguna estaba en manos de entidades chinas. La Ley sobre Uranio del gobierno y el creciente escrutinio sobre la influencia extranjera redujeron aún más la presencia de Pekín en la isla.
Compromiso Ártico Ampliado y Preocupaciones de Seguridad
Más allá de Groenlandia, China ha incrementado significativamente su presencia económica en todo el Ártico. Entre 2012 y 2017, invirtió más de 90.000 millones de dólares en países árticos, incluyendo proyectos de infraestructura, transporte marítimo y extracción de recursos. Esta expansión ha generado alarma entre los gobiernos occidentales. En 2019, el secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, advirtió que las inversiones chinas podrían ser precursoras de una futura presencia militar en la región, incluyendo el despliegue de submarinos.
La cooperación militar de China con Rusia, incluyendo ejercicios conjuntos como Vostok-2018, ha intensificado aún más las preocupaciones sobre sus intenciones a largo plazo. Aunque China sigue presentando su participación en el Ártico como pacífica y comercial, los analistas occidentales perciben cada vez más sus acciones desde la perspectiva de la competencia estratégica y las capacidades de doble uso.

La UE y los principales Estados árticos, incluidos Dinamarca, Canadá y Finlandia, han tomado medidas para bloquear o limitar las inversiones chinas en infraestructuras críticas. En 2012, la Comisión Europea intervino diplomáticamente para disuadir a Groenlandia de conceder a China acceso exclusivo a tierras raras. Los acuerdos posteriores entre la UE y Groenlandia han puesto énfasis en la transparencia, la sostenibilidad y la asociación local en el desarrollo de recursos.
Las ambiciones árticas de China siguen formando parte de su estrategia global más amplia para asegurar el acceso a largo plazo a recursos, diversificar las cadenas de suministro y reformular las normas de gobernanza internacional. Aunque su influencia en Groenlandia ha disminuido, es poco probable que Pekín renuncie por completo a sus intereses en el Ártico.
La Política Ártica de EE. UU. bajo Trump
Bajo el liderazgo de Donald Trump, la política ártica de EE. UU. experimentó un cambio notable: se pasó de una cooperación medioambiental multilateral bajo la administración Obama a un enfoque centrado en la seguridad, moldeado por la rivalidad estratégica con China y Rusia. Ahora, en su renovado ascenso político, la retórica y las acciones de Trump siguen reflejando una visión transaccional y de poder duro para el Ártico, especialmente en lo que respecta a Groenlandia.
Estados Unidos ha considerado desde hace mucho tiempo a Groenlandia como un componente vital de su arquitectura de defensa en el Ártico. La isla alberga instalaciones clave del Mando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD), incluida la Base Aérea de Thule, que proporciona capacidades de alerta temprana ante amenazas de misiles balísticos y respalda la vigilancia de EE. UU. y la OTAN en la región ártica.
El Ártico también recuperó una importancia estratégica durante el primer mandato de Trump gracias a varias medidas clave:
- En 2018, la Marina de EE. UU. reactivó la Segunda Flota para hacer frente a los desafíos de seguridad en el Atlántico Norte.
- La Estrategia Ártica del Departamento de Defensa de 2019 identificó la región como un escenario de “competencia estratégica” con China y Rusia.
- EE. UU. aumentó su participación en los ejercicios árticos de la OTAN, incluidos los simulacros Trident Juncture.
- Se intensificó la cooperación militar con Noruega, con tropas estadounidenses desplegadas cerca de Trondheim.
Esta reorientación presentó al Ártico menos como una zona de cooperación científica y más como un escenario de rivalidad geopolítica.

En agosto de 2019, el presidente Trump planteó públicamente la idea de comprar Groenlandia. La propuesta fue rechazada rotundamente por las autoridades groenlandesas y danesas. La primera ministra Mette Frederiksen calificó la idea de “absurda,” lo que llevó a Trump a cancelar una visita de Estado prevista a Dinamarca. A pesar de la reacción negativa, la propuesta respondía a cálculos estratégicos más amplios: asegurar el acceso a los recursos de Groenlandia, limitar la influencia china y rusa, y reforzar el control estadounidense sobre la logística y la vigilancia en el Ártico.
Poco después se firmó un Memorando de Entendimiento entre EE. UU. y Groenlandia, con el objetivo de profundizar el compromiso bilateral, aunque se dejara de lado la propuesta de adquisición.
Las declaraciones renovadas de Trump a principios de 2025, en las que afirmó que el control estadounidense sobre Groenlandia es “una necesidad absoluta,” marcan un retorno a esta visión. Aunque controvertidas, estas declaraciones se alinean con su enfoque más amplio de política exterior, basado en cálculos de suma cero y diplomacia transaccional.
Retórica en Escalada y Riesgos Estratégicos
La retórica de Trump para un segundo mandato ha sido más confrontativa. Según se informa, incluyó sugerencias de utilizar “cualquier herramienta” para presionar a Dinamarca e incluso insinuaciones sobre la posibilidad de una acción militar. Estas declaraciones han sido recibidas con una fuerte resistencia por parte de Europa y han generado serias preocupaciones sobre la estabilidad transatlántica.
La razón estratégica del interés de Estados Unidos en Groenlandia se ha mantenido constante a lo largo de distintas administraciones. Sin embargo, el tono unilateral de las declaraciones de Trump, especialmente al dirigirse a un aliado, corre el riesgo de socavar la solidaridad en el seno de la OTAN, desestabilizar la cooperación en el Ártico y debilitar la relación entre EE. UU. y la UE en un momento de creciente incertidumbre geopolítica.
A pesar de las afirmaciones de Trump de que los groenlandeses “quieren estar con nosotros,” las encuestas muestran una fuerte oposición en la isla. Una encuesta realizada en 2025 indicó que el 85 % de la población de Groenlandia se opone a unirse a Estados Unidos, y casi la mitad considera que el creciente interés de Washington representa una amenaza para su soberanía. El gobierno de Groenlandia ha seguido destacando el desarrollo sostenible, el control local y la cooperación internacional en condiciones de igualdad. Además, el partido de centroderecha Demokraatit, que obtuvo la mayor cantidad de votos en las elecciones parlamentarias del 12 de marzo de 2025, rechaza las declaraciones de Trump sobre el control estadounidense de la isla.
Respuesta Europea y Autonomía Estratégica
La reacción europea ante las renovadas ambiciones estadounidenses en Groenlandia ha puesto de manifiesto su compromiso con la defensa de la soberanía territorial y la afirmación de su autonomía estratégica. Aunque Groenlandia no es miembro de la UE, forma parte del Reino de Dinamarca y, por tanto, mantiene estrechos vínculos con la Unión a través de marcos jurídicos, económicos y geopolíticos.
En respuesta a las declaraciones de Trump en 2025, que sugerían una posible coacción o incluso el uso de la fuerza para asegurar el control sobre Groenlandia, los líderes europeos reaccionaron con una unidad y firmeza poco habituales. El Primer Ministro de Groenlandia, Múte B. Egede, rechazó categóricamente dichas afirmaciones, reafirmando que “Groenlandia pertenece al pueblo groenlandés.” La Primera Ministra danesa, Mette Frederiksen, respaldó esta postura, subrayando el principio de soberanía.
Dinamarca respondió anunciando un aumento de 1.950 millones de euros en el gasto en defensa, específicamente destinado al Ártico y al Atlántico Norte. Alemania y Francia expresaron un firme apoyo a Dinamarca, enmarcando la integridad de Groenlandia como una cuestión de seguridad europea. El ex canciller alemán Olaf Scholz vinculó explícitamente la retórica de Trump con amenazas más amplias contra el orden internacional, evocando paralelismos con la violación de las fronteras de Ucrania por parte de Rusia.
Salvaguardias Jurídicas de la OTAN y la UE
El estatus de Groenlandia dentro del Reino de Dinamarca la coloca bajo la protección tanto del Artículo 5 de la OTAN como de la cláusula de defensa mutua de la UE (Artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea). Cualquier acto hostil por parte de un miembro de la OTAN contra Groenlandia representaría una crisis jurídica y política sin precedentes para la Alianza. Una invasión estadounidense de Groenlandia constituiría una violación de las obligaciones tanto de la UE como de la OTAN.
Incluso se llevaron a cabo discusiones informales sobre posibles despliegues de tropas de la UE en Groenlandia, no como medida contra Estados Unidos, sino como una demostración simbólica de solidaridad y disuasión.
Más allá del enfoque defensivo, la UE ha profundizado sus vínculos institucionales con Groenlandia en los últimos años. En noviembre de 2023, Bruselas y Nuuk firmaron un Memorando de Entendimiento que estableció una asociación estratégica sobre materias primas sostenibles. En marzo de 2024, la UE abrió una oficina permanente en Nuuk. Además, se firmaron dos acuerdos de cooperación por un total de 94 millones de euros para apoyar la educación y el desarrollo económico verde en la isla.

Estas acciones reflejan la creciente conciencia de la UE sobre la relevancia de Groenlandia para su estrategia de Materias Primas Críticas y su objetivo más amplio de reducir la dependencia de proveedores de terceros países, especialmente China. En 2021, la UE importaba el 98 % de sus tierras raras desde China. La Ley de Materias Primas Críticas de 2023 establece que al menos el 35 % de los minerales críticos deben ser extraídos o reciclados dentro de las fronteras de la UE o de sus socios.
La Perspectiva de Groenlandia y el Imperativo de la Sostenibilidad
El liderazgo groenlandés ha sido claro: dan la bienvenida a la inversión extranjera, incluida la procedente de la UE y de EE. UU., pero esta debe alinearse con sus estándares medioambientales y objetivos de desarrollo local. La ministra de Recursos Minerales de Groenlandia, Naaja Nathanielsen, señaló que abrir una mina en la isla suele tardar más de 15 años debido a la falta de infraestructura y a rigurosos procesos de aprobación. El pueblo de Groenlandia, aunque ambicioso en lo económico, sigue siendo cauteloso ante la influencia extranjera que no tenga en cuenta las necesidades locales y los límites medioambientales.
Conclusión
La disputa por Groenlandia ilustra cambios más amplios en la política de poder global, donde la geografía estratégica, la seguridad de los recursos y la cohesión de las alianzas se entrecruzan de forma cada vez más compleja. Lo que comenzó como una sugerencia provocadora del presidente estadounidense Donald Trump se ha convertido en un caso de prueba para la resiliencia de la asociación transatlántica y la credibilidad de las normas internacionales.
Hoy, Groenlandia se encuentra en la confluencia de tres grandes corrientes: el aumento de la competencia multipolar, la reconfiguración de las prioridades transatlánticas en el Ártico y los cambios globales hacia la seguridad de los recursos y las políticas industriales verdes. Los intentos de actores externos por ejercer influencia unilateral—ya sea económica o militar—corren el riesgo no solo de desestabilizar a Groenlandia, sino también de socavar los marcos regionales e institucionales más amplios, en particular los de la OTAN y la UE.
La relevancia estratégica de Groenlandia no hará más que aumentar en las próximas décadas. Si se convierte en un punto de confrontación o en un modelo de gestión cooperativa dependerá de las decisiones que tomen hoy sus socios, en particular Estados Unidos y la Unión Europea.
El camino a seguir pasa por preservar la cooperación y reducir las tensiones mediante un compromiso diplomático creíble y una comunicación estratégica transparente. Cuatro principios deben guiar la política en los próximos años:
- Respeto a la autonomía de Groenlandia como democracia autónoma dentro del Reino de Dinamarca.
- Refuerzo de los compromisos multilaterales mediante la coordinación entre la OTAN y la UE en materia de seguridad en el Ártico.
- Marcos conjuntos de inversión entre la UE y EE. UU. para desarrollar de forma sostenible la infraestructura y el potencial de recursos de Groenlandia.
- Claridad estratégica y moderación, evitando la retórica de suma cero y reafirmando el Ártico como una región de cooperación basada en normas.
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